El retorno de Korn a Paraguay estuvo marcado por la conexión emocional de la banda con sus fans, que se quebraron en muchos sentidos, mediante el vigor sonoro y la calidad inalterable de los superhéroes del nü metal.
La banda californiana se presentó por segunda vez en Asunción, en el mismo predio que en 2013, ante un público de diversas edades, nacionalidades y hasta de gustos musicales, que se nuclearon por más de una hora y media, para una intensa experiencia en vivo, mediante una agrupación histórica, que recorrió sus multiplatinos primeros trabajos y sus nuevas propuestas, que siguen sonando vigentes en su estado más avezado.
La jornada también reunió a tres bandas del metal alternativo, como los locales Nhandeizha, quienes ya se habían presentado en el festival que trajo a Korn en 2013, cuando comenzaban a abrirse paso dentro de la escena metalcore de nuestro país, y anoche fueron el único acto nacional por excelencia, previo a los pioneros del género.
Luego le tocó el turno a una banda que entre sus filas cuenta con otro gran histórico del rock pesado de finales de los noventas, nos referimos a Seven Hour After Violet, cuyo bajista es Shavo Odadjian, integrante original de System of a Down.
Él mismo comentó que estaba encantado de estar en Paraguay por primera vez y prometió “hablar con los otros muchachos”, para una futura visita, un comentario que provocó la celebración de la gente que coreó su nombre, como el de la banda.
Y como antesala de los protagonistas de la noche, desde Canadá, apareció en escena la banda Spiritbox, cuyo foco central es su cantante Courtney LaPlante, quien se desenvuelve entre una actitud serena y melódica, para luego expulsar una ferocidad vocal absoluta que provocó la inmediata aceptación activa de los presentes.
La performance de Spiritxbox fue una mezcla intensa de brutalidad técnica y sensación atmosférica, para reflejar su sonido de metal moderno, que se balancea entre riffs pesados y melodías vocales. La banda se ganó nuevos fans en Paraguay.
Finalmente, cuando el reloj estaba a punto de marcar las 22:00, el escenario vestía una cortina negra que provocaba la acumulación de cabezas frente a la tarima, esperando el momento en que los principales ídolos de la fecha salgan a escena, ante los ojos de varias generaciones que estaban esperando este momento por mucho tiempo.
Entonces, se escucha ese tan distintivo ritmo de campana inquietante del platillo de la batería, que construye un ambiente tenso y de ansiedad, como preámbulo a ese grito de guerra de Jonathan Davis, que invita a una revuelta sonora, ante una fiel audiencia que ESTABA LISTA para comenzar a vivir la intensidad visceral que provoca la canción “Blind”.
Los chicos estaban de vuelta y la gente ya comenzaba a transpirar en una fresca noche de mayo, que siguió con “Twist”, donde la voz de Davis es un instrumento onomatopéyico que da forma a la apertura del disco “Life is Peachy” (1996).
Continuaron con la mega acentuada “Here to Stay” y el choque de guitarras entre Munky y Head, que diseñan a “Got the Life”, antes del muy celebrado “Clown”, que data de su primer álbum y que resulta ser uno de los tracks más personales de su cantante, por lo que muchos se identifican con la letra acerca de sufrir abusos de parte de matones en la escuela. “Tell i’m a pussy and you’re harder than me” (Dime que soy un marica y que eres más duro que yo), canta Jonathan en sus coros.
Luego de “Did My Time”, el líder apareció con sus gaitas escocesas, para anunciar la llegada del tema “Shoots and Ladders”, que cuenta con un frenético desenlace y hasta la fecha mantiene su esencia desenfrenada. Más adelante, Davis aboga a que todos a subir los brazos, para acompañar el tema “Coming Undone”, donde sufrió un leve bloqueo de la letra, pero cantó un fragmento del tema funky de los ochenta, “Let’s Go All the Way” de Sly Fox.
Pero Korn es una banda trabajadora, que no se sostiene a base de la nostalgia y su relevancia se apoya en sus continuos trabajos que siguen sonando demoledores, como la nueva canción que presentaron, “Reward the Scars”, que formará parte de un próximo disco.
Tras una inquietante pausa de varios minutos, la banda retorna al escenario con “Cold”, para alivio de un público que quedó desconcertado por un momento y se rehusaba a pensar lo peor, porque lo mejor estaba por venir.
Siguieron con la divertida “Twisted Transistor”, la exorcizante “Dirty” y la demoledora “Somebody Someone”, antes de otro muy celebrado y pogueado tema de su primer disco, nos referimos a “Ball Tongue”, que también se interpretó por primera vez en Asunción.
El grupo no daba treguas y tampoco nadie se cansaba, entonces “Fuck that” (al carajo con eso), porque iba a comenzar uno de los temas mas políticos de Korn, “Y’all Want A Single”, que ataca a las compañías discográficas por el hecho de exigirles un “sencillo” que sea radial y fácil de vender, a lo que ellos respondieron lanzando un tema anti corporaciones, con un estribillo que incita a una batalla campal, cosa que ocurrió en el césped del Jockey.
Lo mismo para el inicio del final con la hiper cruda “Falling Away from Me”, la tribalísima “A.D.I.D.A.S” -que tampoco se tocó en 2013- y el cierre monumental con serpentinas de “Freak on A Leash”, un tema que resume el sonido de Korn y sus características. Su canción más famosa cerró una noche donde tanto el público, como los músicos dejaron todo y hasta la última gota de sudor.
Hablamos de una actuación que no necesitó de la explosión de pirotecnia ni fuegos artificiales, porque la fuerza descomunal provenían de los propios parlantes de una banda que golpeó física y emocionalmente a sus testigos, que respondieron activamente a los impulsos que este show los empujó a expresar y liberar.
