Mocasinos homenajeó al sonido beat, junto al experimentado Carlos Báez de The Aftermad’s y el pulso rioplatense de Narciso, en una emotiva noche que cruzó a tres generaciones en Asunción.
En una convocatoria histórica, el centro de la capital celebró la música de los años sesenta a través de tres actos musicales que, acompañados de imágenes audiovisuales de antaño en el escenario, sirvieron como cortina de una noche de baile y memoria.
El pasado fin de semana, la banda asuncena Mocasinos regresó para montar la mayor puesta en escena de su carrera, en una jornada con filtro vintage y un dj set que recorría canciones del garage rock de la década del 60, seleccionados por Il Ragazzo, quien ambientó el antes y después de las presentaciones.
El primer acto estuvo a cargo de Carlos Báez, legendario cantante nacional que en 1967 lideró The Ravens, antes de formar parte de The Aftermad’s, una de las principales orquestas nacionales que llenaban las pistas de baile en clubes sociales, fiestas populares y también salían en programas de TV, ya en los años setenta.
Él mismo se presentó ante un público joven que en su mayoría lo veía cantar por primera vez y también se familiarizó con su historia. Mientras entonaba clásicos de The Beatles, se pasaban imágenes de su juventud con sus compañeros de banda y resaltó una foto que se sacó junto a Paul McCartney, cuando el ex Beatle visitó nuestro país en 2012.
Entre su repertorio original resaltó el tema “Piel de Luna”, que Báez escribió para su amada y recordada esposa, la famosa cantante Valencia Garcete, diva del pop de los años ochenta que fue homenajeada por su marido, quien explicó a los presentes de qué se trataba la canción y los aplausos no se hicieron esperar. Al finalizar el tema, un muy emocionado Carlos Báez lanzó un beso al cielo y ese fue el retrato más emotivo de la fecha.
Posteriormente, Báez volvería al escenario, pero acompañado de la banda argentina Narciso, pero antes de eso, le tocó el turno a los anfitriones de la noche, los locales de Mocasinos.
El cuarteto retornó luego de varios meses de inactividad conjunta, que permitieron a sus integrantes enfocarse en sus proyectos paralelos, pero cada convocatoria de Mocasinos atrae mucha gente con ganas de cantar temas como “Acelerado”, “Decile No”, “Por Culpa del Gin” y “Mi Lugar”.
También sonaron las infaltables reversiones en español de clásicos como “Agujas y Espinas” y el ya icónico “Quiero ser una puerta” de The Stone Roses, que en cada una de sus presentaciones marca el momento más álgido de su set.
Los mismos montaron un escenario muy coqueto, como adentrados en una caja de TV, el medio por excelencia donde el mundo atestiguaba a los fenómenos del garage, el beat y el R&B, en programas como The Ed Sullivan Show en los sesenta.
Tras un gran repertorio que derivó en un bis y exhaustivos aplausos que pedían más bis, el vocalista y bajista Paulo González nos sugirió quedarnos más, porque la siguiente banda era Narciso, pero no nos advirtió que nos iban a volar la cabeza.
La joven agrupación de Rosario, Argentina vino a presentar su álbum debut homónimo que se lanzó en 2025, fue su primera visita al Paraguay y vaya que dejaron impactados a todos.
Con una pose en blanco y negro extraída del año 1965 y alumbrados con unas psicodélicas luces de 1967, Narciso llevó la temática beat a un revivalismo extremo, con todos los elementos que hicieron al sonido de esa época: guitarras cristalinas, baterías con un pulso elástico, un bajo de líneas caminantes, un órgano en clave hammond y trajes oscuros.
Más allá de su propio repertorio, Narciso aprovechó para tributear a los pioneros argentinos del beat como Los Gatos y “La Balsa”, antes de “incendiar la noche” con una versión extendida y ultra alucinógena de “Light My Fire” de The Doors, que situó a todos en un estado de trance y goce. porque se estaba presenciando una gran performance de una gran canción.
Pero antes de concluir, los Narciso llamaron de vuelta a Carlos Báez al escenario, para un cierre dedicado a los máximos exponentes de la música de los años sesenta.
Fue así que se dio un cruce generacional que conectó al público con The Beatles y el tema “Can’t Buy My Love”, para concluir una noche con estética nostálgica, ante un público del presente que supo apreciar el legado de verdaderos héroes musicales del siglo XX, desde Paul McCartney de Inglaterra, Litto Nebbia de Argentina y Carlos Baéz de Paraguay.