14 sept 2026

Juana Molina y un ejercicio de audición en Asunción

Por Orlando Salerno.

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Fotos: Fer Ortíz

Juana Molina se presentó en Asunción donde realizó una presentación que derivó en un ejercicio de audición para un público que se movía en estado de trance analógico.

La cantante y actriz argentina retornó a Paraguay, luego de 12 años, ante una mayor cantidad de gente que la primera vez, que estuvo muy atenta por ejercitar sus oídos mediante una inmersión electro acústica colectiva.

El show se realizó en el marco de un debutante festival llamado Audición Fest, que se celebró el sábado pasado en la Casa Argentina, donde los asistentes se dividían entre músicos de la escena local, periodistas y conocidos melómanos asuncenos.

El evento también convocó a los locales Oudi, Juaju Cuarteto, Ripe Bananas Skin y desde Buenos Aires, Argentina, la sensación del hotcore: Taichu.

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Por su parte, Juana Molina apareció acompañada de cables, sintetizadores y sus perillas para crear efectos que -una vez loopeados- daban forma al tejido sónico que iba construyendo, capa por capa, como si tuviera más de dos brazos en el escenario, junto a su baterista y percusionista, Diego López de Arcaute.

Las acentuadas notas del bajo eran interpretados por su sintetizador analógico y también contaba con dos guitarras, una acústica y otra eléctrica, para ejecutar los riffs que al ser grabados en vivo quedaban como metrónomo.

La particularidad de Juana Molina es que ni un sonido que emite queda aislado, ella aplica diferentes gotas sobre un fluido y luego esta se pierde en la corriente, para luego retornar con fuerza y todos al mismo tiempo, en la parte final de su compleja estructura de canciones, que nos saca del trance y nos pone a bailar perplejamente.

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Tan sereno como caótico, tan sedante y absorbente, que al finalizar uno no aplaude inmediatamente, porque se queda colgado y eso es muy bueno.

Se despidió con “Un Día”, con esa intrigante voz que repite “one day, one day, one day...” durante toda la canción, en cuyo desenlace final se deslumbran los sintetizadores en tono de acordeón deformado, que por un momento quedan solos, hasta que la canción completa retoma su pulso acompañada de una carga percusiva, antes de su tímido final.

Fue así que concluyó el set de Juana Molina ante un público que se involucró de lleno en esta propuesta, cuyo formato y ritmos dejan secuelas que harán que varios sigamos escuchando sus canciones, en busca de aquella experiencia que nos mantuvo subyugados durante una hora.

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