En 2003, la banda estadounidense Creed enfrentó una demanda colectiva presentada por fans que asistieron a un concierto considerado “desastroso” en el área de Chicago. El show, realizado un año antes, terminó envuelto en polémica debido al mal estado del vocalista Scott Stapp, quien según múltiples testimonio, se encontraba visiblemente ebrio durante la presentación.
Los asistentes denunciaron que el cantante apenas podía mantenerse en pie, olvidaba las letras y ofreció un espectáculo muy por debajo de lo prometido, lo que generó abandonos masivos, abucheos y disturbios menores dentro del recinto. Algunos fans incluso afirmaron haber sentido que fueron “estafados” por pagar entradas para un show que nunca se desarrolló con normalidad.
La demanda buscaba una compensación económica por entradas, gastos asociados y “daño emocional”, argumentando que la banda incumplió su responsabilidad profesional. Si bien el caso no prosperó judicialmente y fue finalmente desestimado, el episodio quedó marcado como uno de los momentos más oscuros en la historia de Creed y alimentó la mala reputación que la banda arrastró durante años.
El incidente también fue un punto de quiebre para Scott Stapp, quien tiempo después reconoció públicamente sus problemas con el alcohol y la salud mental.